Dom.
Epifanía del Señor b
Hay
cosas bien curiosas en la vida. Y digo esto, precisamente hoy, que celebramos
la Epifanía del Señor. Aunque parezca mentira, no suele ser raro que, uno se
entere de cosas que pasan en casa, a través de los de afuera.
Cuando
era estudiante de teología, era frecuente escuchar hablar de “radio cocina”. Es
que, no sé por qué razones, el cocinero era el primero en enterarse de las
noticias
Si
quieres enterarte de tus defectos, es posible que llegues a conocerlos por los
demás, antes que por ti mismo. Incluso, hasta es posible que, no sean
precisamente tus amigos quienes te avisan, sino tus enemigos o aquellos que no
tienen simpatía por ti.
Como
también sucede que nosotros mismos nos enteramos antes de lo que acontece en la
calle que lo que está pasando dentro de casa. ¿Será porque miramos lejos y nos
olvidamos de mirar lo que tenemos a nuestro lado? Estoy pensando a aquel padre
de familia, amigo mío, que un día me llamó desesperado. El tenía una gran fe en
su hijo. Hasta que un día, uno de los vecinos le abrió los ojos diciéndole:
“ten cuidado, tu hijo consume droga”. ¡Imposible, respondió él! Pero
aprovechando la ausencia del hijo se fue a su cuarto y se dio con la sorpresa
de encontrarle nada menos que un cuarto de kilo de “pasta básica de cocaína”.
La
fiesta de la Epifanía bien pudiéramos calificarla como la “fiesta de los que
vienen de lejos, cuando los de cerca ni nos
hemos enterado”.
Estos misteriosos personajes vienen de lejos.
Dicen que de “Oriente”.
Estos “ha visto salir su estrella”.
La han visto desde lejos.
En tanto que los de cerca están demasiado ocupados para
mirar a las estrellas.
Los
de cerca, a escasos kilómetros, no se han enterado de nada.
No
han visto estrella alguna.
Ni
se han puesto en camino.
Tienen
que ser los de “lejos”, los que sorprenden a todo Jerusalén con la noticia.
Tienen
que ser los de “lejos”, los que “sobresaltaron” a Herodes.
Tienen
que ser los de lejos los que “preguntan”, “buscan” y “encuentran primero”.
¿Será que nos hemos acostumbrado a lo de cerca y ya no le
damos importancia?
¿Será que nos hemos acostumbrado a lo de siempre, que nos
impide ver lo nuevo?
¿Será que nos hemos acostumbrado a la rutina de todos los
días, que no somos capaces de abrir los ojos a la novedad que tenemos delante
de nuestros ojos?
Nada
más cerca de nosotros que nosotros mismos.
Y
es posible que tengan que ser los de fuera los que nos digan nuestras verdades
y nos recuerden nuestras mentiras.
Nada
más cerca de nosotros que el Dios que nos habita, y tenemos que preguntar a los
demás por él y donde encontrarle.
Nada
más cerca de nosotros que la Iglesia, de la que somos miembros, y necesitamos
que sean los que no creen los que nos abren los ojos para que podamos
enterarnos de que se está envejeciendo y que el polvo y la ceniza de los siglos
están cubriendo las brasas que aún quedan, pero que les impide calentar el
ambiente.
Acabo
de leer una frase de Henry Boyle que dice mucho: “El viaje más importante que
podemos hacer en la vida es el de conocer a otro en el camino”.
Y
que personalmente traduciría así:
“El
viaje más importante que podemos hacer cada día es enterarnos de lo que pasa a
nuestro lado”.
“El
viaje más importante que podemos hacer cada día es enterarnos de que Dios acaba
de hacerse hombre y encarnarse en nuestra naturaleza ahí mismo cerquita de
nosotros”.
Es
importante lo que sucede en cualquier parte del mundo.
Pero
comencemos por enterarnos de lo que sucede a nuestro lado.
Que
Dios nunca es de los que está tan lejos sino de los que se revela muy cerca de
nosotros.
Dios
se nos mete por los ojos. Pero los tenemos cerrados.
Dios
se nos mete por los oídos. Pero los tenemos taponados.
Dios
se nos mete por el corazón. Pero lo tenemos insensible.
A
Dios lo tenemos en casa. Pero nosotros lo buscamos viajando.
A
Dios lo tenemos en el que está a nuestro lado. Pero nosotros lo buscamos en los
que nunca conocimos.
La
Epifanía es la fiesta de los que vienen de lejos y llegan antes.
La
Epifanía es la fiesta de los que viven cerca y no llegan nunca.
La
Epifanía es la fiesta de los que nos “despiertan” a los que nos dormimos sin
enterarnos de lo que sucede en nosotros mismos y en los que están con nosotros.
¡Bienvenidos
los de lejos para que nos enteremos los de cerca!
¡Bienvenidos
los de lejos para que preguntemos los de cerca!
¡Bienvenidos
los de lejos para que abramos los ojos los de cerca!
Clemente
Sobrado cp.

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