Domingo
32 a del ordinario
Con
los despistados no se puede ir muy lejos. Mejor dicho, los despistados no
tienen futuro alguno. Despistados que
viven del momento y no piensan en el después.
Despistados que se duermen y se
despiertan sin luz en sus vidas.
Despistados
que no ven más allá de sus narices.
Y
que cuando llega el momento de los problemas esperan que otros se los
solucionen.
Padres cigarras
Padres
despistados que no son capaces de ver dónde están y con quienes están sus
hijos.
Padres
despistados que solo abren los ojos cuando ya es tarde porque el hijo tomó
otros caminos.
Padres
despistados que prefieren dormirse y cuando se despiertan los problemas ya no
tienen solución.
Esposos cigarras
Esposos
despistados que son incapaces de ver cómo su amor se está desgastando hasta que
el divorcio los despierta de su rutina y vulgaridad.
Esposos
despistados que prefieren la aventura sin compromiso y que cuando sale a la luz
del día ya es tarde para reaccionar.
Esposos
despistados que se sienten los dueños de todo, sin preocuparse de la vida y la
dignidad y los intereses del otro y que, cuando ven que ya no hay nada que
hacer, se llevan las manos a la cabeza y comienzan los lamentos.
Son
esposos “cigarras” que se pasan la vida cantando sin preocuparse del futuro de
su amor, del futuro de su hogar, del futuro de su matrimonio. Y eso que, cuando
se casaron se dijeron “hasta que la muerte nos separe”. Pero que su falta de
creatividad o su falta de cultivo diario de su amor, se apaga en el primer invierno
de sus vidas.
Cristianos cigarras
Cristianos
“cigarras” que, apenas tenemos reservas para el mañana, y terminamos dejando
que la gente se nos vaya o se aburra de nosotros.
Cristianos
“cigarras” que seguimos dormidos en el pasado y dejamos que la historia nos
deje tirados en el camino, y recién nos despertemos cuando ya pasó y nosotros
perdemos el ritmo de la vida.
Cristianos
“cigarras” que seguimos dormidos sin enterarnos de que el mundo ha cambiado y
que nuestras respuestas ya no sirven para nada.
Cristianos
“cigarras” cuya fe se estrella al primer problema que encontramos en la vida,
porque el aceite que la alimenta ya se acabó.
Cristianos
“cigarras” que dejamos que la fe de nuestro bautismo deje de alimentarse y que
cualquier invitación o cualquier tontería nos deje calatos en el camino de la
vida.
La verdad de la parábola
La
parábola del Evangelio nos habla de cristianos avispados que saben sembrar hoy
para segar mañana, y de cristianos que no siembran y luego se lamentan de que
no tienen trigo que cosechar.
La
parábola del Evangelio nos habla de cristianos que viven sólo el presente y no
piensan en el futuro y que cuando se despiertan se dan cuenta de que las lámparas
de su fe y de su esperanza están apagadas y sin aceite de repuesto.
La
parábola del Evangelio nos habla de quienes no cultivan su esperanza hoy y
pretenden vivir del aceite de las lámparas de los otros. Y nadie puede vivir de
la fe de otro ni de la esperanza de otro.
En
una palabra, la Parábola del Evangelio, nos habla de quienes no saben mirar más
que al momento presente y se olvidan del mañana.
Nos
habla de esos cristianos que siempre llegan tarde a la cita de Dios y cuando
llegan Dios ya pasó o las puertas del futuro ya están cerradas para ellos.
Cristianos hormigas y cristianos cigarras
Tal
vez lo que mejor defina la parábola de las vírgenes prudentes y las necias sea
la “hormiga” y la “cigarra”. Ustedes conocen de sobra el cuento.
Las
“hormigas” que, callada y silenciosamente, se pasan el verano acaparando
comida en sus cuevas, para sobrevivir en el invierno.
Mientras
tanto, las “cigarras” se pasan el verano alegremente cantando, sin
pensar que el verano sólo dura unos meses y el invierno es largo y frío.
Me
encantan los “cristianos hormigas”, que no hacen mucho ruido, pero cada
día van sembrando pequeñas esperanzas que mantienen vivas sus vidas.
Mientras
que “los cristianos cigarras” hacen demasiado ruido, pero sin hacer
nada, sin voluntad para esforzarse cada día.
Me
encantan los “cristianos hormigas”, que cada día, alimentan su fe, su
esperanza con pequeñas cosas, con pequeños detalles y gestos de amor, y cada día, ahondan un
poquito más en la experiencia del Evangelio y que siempre tienen sus lámparas
encendidas, atentos siempre al paso y a las huellas de Dios, y su lado siempre
queda aceite nuevo para renovarlas.
Me
encantan los “cristianos hormigas” que saben que el aceite se gasta, la
fe se debilita, la esperanza se apaga y el amor se muere si no se cultiva y,
por ello, cada día las alimentan con el aceite nuevo siempre en reserva en sus
corazones.
En
cualquier momento llega Dios, puede ser al mediodía como a la medianoche, y
puede que nos encuentre mediodormidos, pero siempre, con las lámparas
encendidas y con aceite de repuesto. Por
eso me preocupan muchas cosas y que la parábola de hoy las aviva:
¿Por
qué los cristianos tendremos que llegar siempre tarde?
¿Por
qué tendremos que esperar a que las cosas pasen para enterarnos de ello?
Cristiano no es el que va pisando los talones de la historia, sino el que va
por delante haciendo historia.
Clemente
Sobrado C. P.

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