Domingo 31 a del ordinario
“Hay gente que con sólo decir una palabra, enciende la ilusión y los rosales;
que con solo sonreír entre los ojos, nos invita a
viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.
Hay gente
que con sólo dar la mano, rompe la soledad, pone la mesa, sirve el puchero, coloca guirnaldas;
que con solo empuñar una guitarra hace una sinfonía de entre casa.
Hay gente que con solo abrir la boca, llega hasta los límites del alma,
Hay gente que con solo abrir la boca, llega hasta los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños, hace cantar el vino en
las tinajas
y se queda después como si nada.
Y uno se
va de novio con la vida, desterrando una muerte solitaria,
pues sabe que a la vuelta de la esquina, hay gente que es
así, tan necesaria”.
(Hamlet Lima Quintana)
Me ha gustado porque gente como ésta
es la que necesita el mundo y también la Iglesia.
Gente como esta es la que nos pide
Jesús en el discurso a sus discípulos y al pueblo que le sigue.
Gente como esta es la que necesita el
Evangelio para darle credibilidad.
Gente como esta es la necesita la
Iglesia, para todos se sientan a gusto en ella y como en familia.
Gente como esta es la que necesitamos
todos, porque todos estamos necesitados de alguien que despierte la alegría que
llevamos apagada dentro.
Gente como esta es la que necesitamos
todos, porque todos estamos necesitados de alguien que despierte en nosotros la
ilusión y la esperanza.
Gente como esta es la que necesitamos
todos, porque todos necesitamos de una experiencia del Tabor y podamos gritar
“qué bien se está aquí”.
Gente como esta es la que necesitamos
todos, para sentir que no solo estamos “el uno al lado del otro” sino que
compartimos nuestras vidas y gozamos de la comunión de las almas.
Porque sobra esa otra gente que
siente la divina pomada y a la que nadie quiere, nadie ama y nadie necesita.
Porque
no necesitamos gente que desde las alturas de su pedestal se dedique a hacer más difícil la vida de los demás.
Porque
no necesitamos gente que lo único que sabe es mandar, imponer su autoridad, y a
veces, imponernos su mal genio y mal humor.
Porque todos necesitamos a nuestro
lado hombros que nos ayuden a llevar el peso de nuestros problemas y
dificultades.
Porque todos necesitamos a nuestro
lado corazones que comparten nuestras penas y también nuestras alegrías.
Porque no necesitamos de esos que lo
único que buscan es nuestra admiración y que les rindamos pleitesía.
Porque lo que sí necesitamos es gente
sencilla que se siente igual a nosotros con nuestras virtudes y nuestras
debilidades.
Porque lo que sí necesitamos es gente
noble, de corazón grande, que nos hace sentir que nosotros somos importantes y
nos hace sentirnos que somos “alguien” en la vida.
Porque lo que sí necesitamos es gente
que nos diga palabras de aliento, que nos abren el alma y nos devuelven la
sonrisa de la vida.
Porque gente de grandes pergaminos,
con frecuencia lleva dentro un corazón también apergaminado.
Porque de reverencias y de títulos
reverénciales ya estamos todos bien
servidos.
Porque gente que nos utiliza a para
sus intereses personales es gente que nos devalúa y nos hace perder nuestra
propia autoestima.
Necesitamos
sentir que por la creación Dios nos ha hecho imagen y semejanza suya.
Necesitamos
sentir que nuestro bautismo nos ha hecho hijos de Dios.
Necesitamos
sentir que el reino de Dios está hecho “de hermanos” y no de súbditos.
Necesitamos
sentir que el reino de Dios está hecho de fraternidad.
Necesitamos
sentir que todos tenemos ante Dios la misma importancia y la misma dignidad.
Necesitamos
descubrir que la verdadera dignidad está en “ser servidores” de todos.
Necesitamos
descubrir que la verdadera dignidad está en “sentir que los otros son más”.
Por eso, Hamlet, cuando dices que “uno se va de novio con
la vida, desterrando una muerte solitaria, pues sabe que a la vuelta de la
esquina, hay gente que es así, tan necesaria”, dices tantas cosas que solo
caben en un corazón grande. Nos hablas, no de esa gente que estorba, con toda
su solemnidad, sino de esa gente sencilla que todos necesitamos:
Necesaria para ser nosotros mismos.
Necesaria para gustar de la vida.
Necesaria para vivir sonriendo.
Necesaria para sentir que todos somos
importantes, sin necesidad de grandes títulos ni grandes títulos, sino por lo
que somos sencillamente como “personas”.
Clemente Sobrado C. P.

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